‘Construyamos un plan b’, por Verónica Delgado

Artistas, escritores y cineastas. Todos lo conocen y la mayoría lo necesitan: es el llamado plan b, el trabajo que ofrece un salario, un sustento, una deformación (más o menos simpática) de la vocación primera. Pero la vocación continúa: y tras corregir largos manuales de medicina o dar clases en un instituto, el poeta escribe. Trabaja, crea y envejece.

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Librería después de un bombardeo en Londres, 1940

En 2013 entró en vigor la nueva Ley de Pensiones aprobada por el Partido Popular y es ahora cuando, tras las primeras consecuencias, tomamos conciencia de lo terrible del asunto. La ley anula la pensión de aquellos creadores que por su actividad artística generen tanto o más que lo estipulado en el salario mínimo interprofesional, que en el presente año asciende a 9.172,80 euros anuales.

Para que nos entendamos: actividad artística se considera, por ejemplo, una conferencia, una publicación, la concesión de un premio, y ¡ojo! el cobro de ingresos por derechos de autor de obras ya escritas y publicadas en el pasado (reediciones). Un planteamiento ferozmente injusto y una elección complicada para el artista: ¿pensión o creación?

Desde luego cabría preguntarse cuántos artistas llegan a facturar 9.000 euros al año, seguramente muy pocos. Sabemos bien que los creadores nunca han gozado de grandes sueldos, los hemos visto intervenir, presentar, leer y colaborar de manera gratuita en muchas ocasiones. Solo alguien muy alejado de la cultura y su significado podría entonces hacer peligrar algo que ya de entrada se presenta como una actividad, salvo contadas excepciones, muy poco compensada económicamente.

Esto solo es un paso más: lamentablemente nuestro país viaja frenéticamente hacia el exterminio cultural. Una educación pública que ya no vela por la igualdad, la condena y extinción de asignaturas fundamentales como la filosofía o la música y ahora el castigo a los creadores.

A los espectadores, lectores y receptores de cualquier obra estética nos hace felices, sí, pensar que habrá otro poemario de Gamoneda (porque sabemos qué sentimos con El libro del frío); también sabemos que nuestra extrañada Ana María Matute escribió su última obra Demonios familiares – que no pudo terminar- meses antes de morir (2014); o que Chantal Maillard cumplirá 65 el próximo año. Y no lo vamos a perdonar. Pensar que los creadores dejan de crear con la vejez, como el conductor abandona el volante o el policía devuelve su placa, es, desde luego, no enterarse de nada.

Definitivamente, nuestro país no alienta la cultura.”La obsesión con ganarse la vida es la manera más terrible de perderla”, dijo el pasado año Emilio Lledó refiriéndose a la ansiedad actual por labrarse un futuro. Juzguemos lo injusto y no permitamos que atenten contra la inteligencia: construyamos un plan b, sí, mas no dejemos que se cuestione lo incuestionable: la cultura es un bien público que hoy necesitamos más que nunca.

Por Verónica Delgado

© XTRart

 

 
 
 

Una respuesta a “‘Construyamos un plan b’, por Verónica Delgado”

  1. Efectivamente, como dices vamos hacia el exterminio cultural. Y lo estaríamos ya si no fuera pq en este país todo el peso de la cultura descansa sobre los propios artistas. Quienes no solo crean la obra, sino que además la mantienen económicamente.

    Yo, que soy artista multidisciplinar al desarrollar obra gráfica, pictórica, escultórica, poética y narrativa, me encuentro permanentemente ante la perversión social de que si quieres mostrar tu obra al público, además has de pagar para ello. Lo que inevitablemente te condena al ostracismo.

    Pero no bastará una ley para cambiar este hecho pues está ligado a la idiosincrasia de una sociedad más proclive al famoseo o la vulgaridad televisiva, intuyo que se necesitan generaciones para transformar esta actitud hacia el arte casi de desprecio cuando no una permanente infravaloración de los autores.

    Es desde las escuelas donde se ha de enseñar que un país sin creadores es igual a uno sin talento. Y que será un país de mediocridad y subdesarrollo intelectual si no cambia.

    Ye lo que hay.

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